El imperialismo ateniense


En rojo, las poleis Aliados de Atenas, en rosa, las poleis dependientes.

Al margen de las motivaciones concretas de que de que se hablará a continuación, cuando se trate del enfoque dado por el historiador Tucídides al problema y que se ha esbozado en el capítulo anterior como punto final del desarrollo de las relaciones imperiales de Atenas, el panorama histórico general que sirve de causa global al inicio de la guerra es el representado por el desarrollo de la ciudad e Ática. Pero, desde luego, lo concreto y lo general son dos aspectos de la misma realidad y no dos realidades separadas y diferenciadas. Lo general se manifiesta y se materializa en lo concreto. Estos acontecimientos ocurrieron dentro del contexto del desarrollo general del imperio ateniense y de los conflictos que se producían con las ciudades aliadas y con las ciudades pertenecientes a la Liga del Peloponeso. Cada acontecimiento es sintomático del contexto total en que se desenvuelve. Podemos desprender la causa general del conocimiento de los hechos concretos, mientras éstos se explican dentro del contexto de la causa general.

La evolución que siguió, la democracia ateniense y sus relaciones con el desarrollo imperialista de la misma ciudad hizo que sus condicionamientos tuvieran graves repercusiones sobre el resto de Grecia. ya Tucídides hace constatar que la importancia de la guerra estribó en haber implicado a todas las ciudades griegas de modo directo o indirecto.

En efecto, el desarrollo del sistema, tal como había tenido lugar en Atenas, era consecuencia de condiciones similares a las del resto de Grecia, pero al mismo tiempo había alcanzado formas que resultaban contradictorias con el sistema mismo, especialmente cuando no sedaban las características producidas en Atenas, sobre todos si se tiene en cuenta que éstas se basaban en sus relaciones con los demás. Aquellas ciudades en que el desarrollo de Atenas se apoyaba no podían, por esta misma circunstancia alcanzar las condiciones de Atenas: ellas mismas no podían apoyarse a su vez en otras. Las circunstancias en que se movía Atenas eran al mismo tiempo irrepetibles y determinantes para las demás ciudades. Sólo allí era posible que el desarrollo del sistema esclavista creara condiciones que alteraran el sistema mismo, al ir unido a sus características como ciudad imperialista, pero en las demás ciudades sólo se conseguía la alteración del sistema. Por ello se da la paradoja de que la democracia esclavista unida al imperio ponía en peligro el sistema esclavista mismo. En Atenas las peculiares condiciones hacen posible la existencia  de la concordia entre los diferentes sectores de la población libre e incluso se alcanza un cierto estatuto de aparente convivencia con el mundo de los esclavos. Fuera de Atenas, en cambio, o se conserva la sumisión de los sectores no poderosos de la población libre, con lo que la libertad de éstos es por tanto más aparente que real, o las tendencias a imitar la democracia del sistema esclavista, en sus vertientes democrática e imperialista y paralelamente, en relación dinámica y contradictoria con esto, una amenaza para el sistema esclavista mismo, que se reproduce a una escala de estatutos de dependencia que sirve para su fortalecimiento. Las relaciones de dependencia se fortalecen en un sistema escalonado de status, que la democracia ateniense pone en peligro al procurar libertad de demos.

La contradicción más importante de la democracia ateniense está en que se consigue la libertad del demos al hacer de éste el hegemón de las ciudades del imperio. Lo que en el terreno interno de la ciudad son relaciones democráticas se traduce en el imperialismo exterior. El demos liberado de su propia servidumbre adopta hacia el exterior las actitudes del señor que domina sobre poblaciones dependientes. De ahí la importancia que Tucídides utilice constantemente la terminología esclavitud para referirse a las relaciones entre Atenas y las demás ciudades. El imperialismo pasa a concebirse en los términos de las relaciones esclavistas. La libertad del demos, en las condiciones de la ciudad antigua, sólo es posible si las relaciones de dependencia se elevan por encima de la ciudad misma. El imperialismo viene a ser la forma de dependencia externa que hace posible al independencia interna del demos.

Pero también hay otro aspecto en que se produce el mismo modo de proyección. El imperialismo permite la concordancia dentro de la ciudad de Atenas. Sin embargo, la consecuencia es la discordia externa. Desde muy pronto, en la época de la teórica paz, se hizo patente que la existencia de la ciudad imperialista creaba conflictos entre ciudades. Atenas choca con sus propios aliados, en condiciones que ponen de manifiesto las contradicciones internas de estas ciudades, pero también choca con las ciudades ajenas a la confederación de Delos, sobre todo con las que forman parte de la Liga del Peloponeso.

Los principales afectados por el proceso de desarrollo imperialista ateniense fueron Corinto, cuyo Dominio se ejercía sobre zonas que resultaban vitales para el control ateniense de los mares, y Esparta, que veía afectado el control general de la situación griega por la expansión de Atenas y que, además, desde el punto de vista ideológico, veía cómo se deterioraba el fundamento en que se asentaba su prestigio debido a la expansión del «espejo» democrático sobre el modelo ateniense, al mismo tiempo que se detectaban problemas internos dentro de la propia Esparta que muy probablemente no dejaban de tener algún tipo de relación con la existencia del mismo «espejo» ateniense; y, en último lugar, pero no por ello con menos incidencia den los hechos, hay que contar entre los afectados por el crecimiento del poder ateniense a los oligoi, «los pocos», es decir, a las oligarquías de las ciudades sobre las que se ejercía el poder ateniense, donde éste creaba en el demos las expectativas democráticas que podían lograrse con la imitación de Atenas, pero en las que no había condiciones reales para que  el demos pueda disfrutar de esos mismos derechos al tiempo que se mantenía la concordia. En estas ciudades la liberación del demos significaba la pérdida de los privilegios de los pocos. Éstos, por tanto, en general, veían cómo su enemigo no solo al propios demos de su ciudad sino también a la democracia ateniense.

Raque López Melero, Domingo Pácido & Francisco Presedo. Historia Universal. Edad Antigua. Grecia y Oriente Próximo. Vincent Vives. Barcelona, 2005. p. 681 – 683.

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Acerca de Rodrigo Pérez

Profesor de Historia UDLA Estudiante de Magister en Historia Mención Historia Universal UAI
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