La expansión de la ciudad en el Mundo Antiguo


Polis de Atenas

El Mundo grecorromano, del que me ocupo con exclusión del Oriente Próximo pregriego, fue un mundo de ciudades. Incluso la población agraria, siempre mayoritaria, muy a menudo vivía en comunidades de algún tipo, caseríos, aldeas pueblos, no en granjas aisladas. Es razonable y justificable suponer que, durante la mayor parte de un periodo de mil años, cada vez más los habitantes de Europa, Norte de África y Asia occidental vivieron pueblos, en una proporción no igualada en Estados Unidos, por ejemplo hasta la guerra civil. (Como ya he admitido, sólo es posible una suposición, puesto que faltan estadísticas para la antigüedad.) Los propios antiguos tenían la firme convicción de que la vida civilizada sólo podía pensarse en y por las ciudades. De ahí el crecimiento de ciudades, acompañando regular y inexorablemente la expansión de la civilización grecorromana; hacia el este, después de las conquistas de Alejandro, hasta Hindu Kush; al oeste, de África a Bretaña con las conquistas romanas, hasta que el número de ciudades alcanzó el orden de los millares.

Maqueta de la ciudad de Roma

El apuntalamiento urbano de la civilización pareció tan evidente por sí mismo a los antiguos, que apenas se dedicaron a analizar seriamente la ciudades. Ni siquiera intentaron una definición formal. (aparte de las «definiciones administrativas» a las que volveré en breve)Cuando escribió una guía muy famosa de la Grecia Antigua en el siglo II a.C., Pausanias negó la categoría de ciudad un pequeño pueblo de Grecia central que lo reclamaba: «sin edificios de gobierno, sin teatro, sin plaza pública,  sin agua llevada hasta una fuente, y … el pueblo vive en casuchas, como cabañas montañosas al borde de un barranco» (X, 4, 1). Esto por lo menos apunta a una definición.  Una ciudad ha de ser más que un mero conglomerado de gente; hay condiciones necesarias de arquitectura y atractivo que expresan a su vez ciertas condiciones sociales, culturales y políticas. Muchos siglos antes, Aristóteles había apuntado a la misma dirección. Como escribió en la Política (1330 a 34 ss), la situación y planificación de un pueblo exige tener presentes cuatro consideraciones: salud, defensa, conveniencia para la actividad política y belleza.

Pausanias, hay que señalarlo, no puso objeciones a la pretensión del pueblecito por su tamaño pequeño. Y Aristóteles vio en la pequeñez una virtud, incluso una condición necesaria: Babilonia de la que sin duda sabía muy poco, era para él un epíteto, un símbolo de elefantiasis, por tanto una negación de la verdadera ciudad  (Política, 1265 a 10 ss). En su día, de hecho, no había probablemente ninguna ciudad en el mundo grecorromano con una población que sobrepasara los 125.000 o 150.000 habitantes, seguramente no llegaba a la media docena las que sobrepasaban los  40.000 o 50.000  (cifras que se podían doblar si se incluían los habitantes del territorio agrícola de la ciudad).

Moses Israel Finley, “La Grecia Antigua. Economía y Sociedad”. Ed. Crítica. Barcelona, 2008. p. 35-36

Anuncios

Acerca de Rodrigo Pérez

Profesor de Historia UDLA Estudiante de Magister en Historia Mención Historia Universal UAI
Esta entrada fue publicada en Ciudad Antigua, Grecia, Mundo clásico, Roma y etiquetada , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s