Los méritos del fundador de la democracia: Clístenes


Busto de Clístenes de Atenas, padre de la democracia

Después de la expulsión de Hipias surgieron en Atenas, como salvadores de la ciudad, los Alcmeónidas y, ante todo, Clístenes, hijo de Megacles, cuyo nombre está enlazado para siempre con la historia de Atenas. ¿Y que había de suceder ahora en Atenas, después de la caída de la tiranía? ¿Tenía siquiera algún sentido restablecer el predominio de la nobleza? ¿Y estaba en condiciones de llevar a cabo, con carácter exclusivo las numerosas tareas de la política, de la economía y de la cultura? Atemorizaba, además, el recuerdo de los tiempos en que las diversas familias aristocráticas habían sido responsables, con sus numerosos partidarios respectivos, de las disputas internas de la ciudad; era esta discordia, en efecto a que en su día había ayudado a Psiístrato a adueñarse del poder. Caracterizó la política de Clístenes su renuncia a restablecer el antiguo orden. Lo que él creó con la aprobación del pueblo ateniense (si en calidad de arconte, legislador, o en algún otro cargó público, no lo sabemos) fue la base de un nuevo estado ateniense cuyo principio rector había de ser la isonomía, esto es, la igualdad de los ciudadanos ante la ley. Aunque hasta entonces la nobleza (los eupátridas), con sus poderosos seguidores, había decidido la historia de Atenas, esto cambió ahora por completo. Mediante a una nueva división de la población ática, Clístenes rompió las antiguas alianzas de familias despojándolas, en esta forma, de su importancia política; únicamente subsistieron las antiguas phylai (tribus) como asociaciones para el culto. Clístenes dividió el territorio ático, incluida la ciudad de tenas en tres zonas, esto es, la ciudad (asty), la costa (paralia), y el interior (mesogeia) y estas zonas a su vez en diez unidades, los tercios (trittyes). Un tercio de cada una de las zonas se agrupaba para formar una nueva tribu (phylé). En esto no jugaba papel alguno la distinta situación geográfica de los tercios y al parecer las nuevos tribus territoriales se constituyeron echando suertes y recibieron nombres de héroes áticos. En adelante el ciudadano ático se nombraba de acuerdo a la tribu a la que pertenecía. la nueva división era tan artificiosa que difícilmente se puede imaginar un modelo contemporáneo. Sólo pudo haber sido concebida por la mente de un individuo decidido a alcanzar su objetivo a cualquier precio, y este objetivo no era otro que la creación de la nación ática, que en adelante aparece como un solo cuerpo dividido, dividido en diez tribus, treinta tercios y aproximadamente cien comunidades (demos) La historia posterior no se concibe sin este acto sencillamente revolucionario de Clístenes: este hombre merece sin duda alguna el título honorífico de fundador de la democracia ática.

Hermann Bengtson, “Griegos y Persas. El mediterráneo en la Edad Antigua”. Ed. Siglo XXI. Madrid, 2006. p. 26-27

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Acerca de Rodrigo Pérez

Profesor de Historia UDLA Estudiante de Magister en Historia Mención Historia Universal UAI
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