Dioses de Roma y las necesidades de los romanos


Estatua de Jupiter Optimus Maximus

Los romanos se tenían por muy piadosos y el número mismo de sus dioses basta para verificar tal opinión: la primitiva tríada indoeuropea de Júpiter, Marte, Quirino fue sustituida por la etrusca (llamada capitolina) de Jupiter, Juno y Minerva., que se convirtió en poliada, nacional. Enseguida y en fechas a veces conocidas, Afrodita, Vulcano, Mercurio, Neptuno, Hércules, los Dióscuros, Apolo, Esculapio, etc., se unieron procedentes de Grecia o Etruria (los etruscos y los campanienses introdujeron algunos dioses griegos), a los dioses latinos como Vesta, Diana, Jano, Flora o a los italianos como Ceres, Líber, Líbera. Se divinizaron abstraciones (Fortuna, Virtus, Fides, Venus –que sería la buena voluntad divina-, etc.) sin dejar de honrar a los dioses antiguos: Anna Perenna, que señalaba el renacimiento del año, Róbigo (Robigus) que libraba a los cereales de la roya, Conso (Consus), que velaba por el grano en los silos… Algunos dioses fueron «laicizados» y parece que fueron presentados como personajes históricos, tales el bandido Caco, el héroe Horacio Codes, etc. Mientras que Rómulo quedaba identificado con Quirino.

Los griegos tenían numerosos dioses, en razón sobretodo, de una multitud de divinidades locales, tipo divino que no era ajeno a los romanos (por ejemplo el dios Tíber): pero éstos poseían una obsesión maniaca por la especialización: Abeona y Adeona enseñaban a los niños a ir y a volver, Interducca y Domiducca a alejarse de casa y a regresar a ella, etc. Evidentemente ciertas divinidades mayores destacan: a su cabeza hay que situar a Júpiter el Mejor y el Más Grandes (Optimus Maximus),aunque tuvo advocaciones que los cualificaban para situaciones concretas: Júpiter Elicio regulaba las lluvias, Júpiter Stator detenía a los soldados romanos en su huída, Júpiter Pétreo (Lapis) garantizaba los tratados. Cuando hacía falta un dios, nadie dudaba de que había que mandar enviados a solicitarlo e instalarlo: tal fue el caso con Apolo y luego con Esculapio, llegados para luchar contra pestes y las fiebres. Con ocasión de las operaciones de guerra, a veces resultaba preciso provocar deserción en la divinidad protectora para instalarla en Roma con gran pompa. Juno fue atraída por evocatio de Veyes, Vertumno de Volsinias, etc. En cuanto a las abstracciones, sus santuarios frecuentemente recordaban alguna circunstancia histórica en concreta: Concordia obtuvo un templo prometido por Camilo en pleno periodo de discordia. En suma: es evidente que los romanos muy diferentes en eso de sus vecinos etruscos, no se preocupaban por una organización teológica coherente. Pensaban que, en materias divinas, la abundancia de dioses no podía ser nociva y más bien le causaba preocupación el poder olvidarse de alguno.

Michel Christol & Daniel Nony. Introducción a la Historia. De los orígenes de Roma hasta las invasiones bárbaras. Akal, Madrid, 1991. p. 39-40

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Acerca de Rodrigo Pérez

Profesor de Historia UDLA Estudiante de Magister en Historia Mención Historia Universal UAI
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