Divinidades Romanas


Estatua de Jupiter Optimus Maximus

En el siglo I a.C. un erudito romano al servicio de Julio César calculó que en Roma se veneraba a casi 30.000 dioses. Esta cantidad impresionante estaba relacionada con la historia, el modo de vida y la manera de entender la civilización latina. Los romanos habían iniciado su historia como una pequeña comunidad rural gobernada por reyes, y por supuesto dependían de las fueras de la naturaleza: de que lloviera, de que la tierra fuera fértil o de que abundara le grano para comer y para volver a sembrar para la siguiente cosecha. Y rezaron a los dioses de la naturaleza.

Más delante, durante la República, Roma llevó a cabo una expansión que la convirtió en la mayor potencia de la Antigüedad. Para ello necesitó de nuevo la ayuda de los dioses. Había muchos imprevistos en una guerra o en una travesía por mar. Conquistar una población por sorpresa, conseguir suficientes  provisiones por el camino o que los vientos fueran favorables para la navegación eran asuntos que escapaban al poder humano. por otra parte a medida que las legiones avanzaban por Europa, Asia y África, iban apropiándose no sólo de sus territorios sino también de sus dioses. Era otro modo, moral, de mantener sometido a estos reinos.

La capital mientras tanto, crecía desmesuradamente. las siete colinas y las orillas del Tíber se llenaron de templos y santuarios. En ellos se rezaba públicamente en un conjunto dada vez mayor de dioses: los tradicionales, los incorporados después y aquellos a los que veneraban los extranjeros venidos de nuevos rincones del Imperio.  En esta época también se empezó a divinizar a los césares, a sus esposas y a otros personajes importantes, con lo que continuó creciendo el panteón. Pero además, cada ciudadano, familia, casa e incluso animal tenía su propio espíritu particular.

A la infinidad de dioses privados se añadían los que protegían al Estado (Júpiter era el principal) y a los héroes que lo habían originado (Rómulo y Remo).Y también una manera muy práctica de concebir la religión. Los romanos asignaban a cualquier actividad de la vida de una divinidad específica, a la que había que contentar, mediante a ritos, sacrificios y promesas, para que las cosas marcharan bien en esa área. Había desde un dios que ayudaba a los niños que comenzaban a hablar (Fabulino) hasta uno que se ocupaba exclusivamente del transporte de las cosechas (Convector). Si Marte guiaba los ejércitos  a las batallas. Quirino lo hacía en las treguas. Los romanos tenían dioses para todo. Por eso Petronio, autor del Satiricón en tiempos de Nerón, decía que en algunas ciudades del Imperio había más dioses que habitantes.

Julián Eliot. Periodista. “Un coctel complicado. El Origen del Panteón Romano”. Historia y Vida. Madrid, Agosto, 2007. p 43-35

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Acerca de Rodrigo Pérez

Profesor de Historia UDLA Estudiante de Magister en Historia Mención Historia Universal UAI
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