El Romano, soldado y campesino


Hombres usando réplicas de armadura y vestimenta de las legiones romanas

La mentalidad romana es la mentalidad del campesino y del soldado; no la del campesino y la del soldado por separado, sino del soldado-campesino, y, en general, esto es así hasta en las épocas posteriores , cuando podía, no ser campesino ni soldado. El destino del campesino es el trabajo “inaplazable” porque las estaciones no esperan al hombre.  Sin embargo con sólo su trabajo no logrará nada. Puede hacer planes y preparativos, labrar y sembrar, pero tiene que esperar pacientemente la ayuda de fuerzas que no comprende y menos aún domina.  Si puede hacer que le sean favorables, lo hará, pero con frecuencia sólo alcanza a cooperar; se entrega a ellas para que lo utilicen como instrumento, logrando así su propósito. Las contingencias del tiempo y las contingencias de las plagas pueden malograr sus esperanzas, pero tiene que aceptar el pacto y tener paciencia. La rutina es la ley de su vida; las épocas de siembra, germinación y recolección le suceden en un orden establecido. Su vida es la vida misma de la Tierra. Si como ciudadano se siente atraído al fin por la actividad política, será en defensa de sus tierras y o de sus mercados o del trabajo de sus hijos. Para el campesino el conocimiento nacido de la experiencia vale más que la teoría especulativa. Sus virtudes son la honradez y la frugalidad, la previsión y la paciencia, el esfuerzo, la tenacidad y el valor, la independencia, la sencillez y la humildad frente a todo lo que es más poderoso.

Estas son también las virtudes del soldado . También él ha de conocer el valor de la rutina, que forma parte de la disciplina, ya que tiene que responder casi instintivamente a cualquier llamada repentina. Debe bastarse a sí mismo. El vigor y la tenacidad del campesino son necesarios al soldado; su habilidad práctica contribuye a hacer de él lo que el soldado romano debes ser: albañil, zapador, abridor de caminos y constructor de balates. Ha de trazar un campamento o una fortificación, medir un terreno o tender un sistema de drenaje. Puede vivir en el campo porque eso es lo que ha hecho toda su vida. El soldado también sabe de ese elemento imprevisto capaz de trastornar el mejor de los planes; tiene consciencia de fuerzas invisible y atribuye “suerte” a un general victorioso a quien algún poder -el destino o la fortuna utiliza como instrumento. Es leal con las personas, los lugares y los amigos.

Si asume una actitud política violenta será con el fin de conseguir, cuando las guerras terminen, tierra para labrar y una casa donde vivir, y con una lealtad aún mayor recompensa al general que defiende su causa. Ha visto muchos hombres y muchos lugares

R.H. Barrow. Los Romanos. Fondo de Cultura Económica, 2001. p. 12-14

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Acerca de Rodrigo Pérez

Profesor de Historia UDLA Estudiante de Magister en Historia Mención Historia Universal UAI
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