Fundación Mítica de Roma y la liga del Septimontium


A pesar de una tradición que, con leves adaptaciones, ha llegado hasta nuestros días, hoy se puede afirmar sin reservas que Rómulo -el presunto fundador de Roma- no existió, que ésta no fue fundada, como quiere la tradición, el 21 de abril del año 753 a.C., que la propia ciudad no pude haber existido antes del 600 a.C., que hubo primeros reyes legendarios sino tan solo históricos, y, en fin, que le verdadero fundador habría sido, por tanto Tarquino Prisco a comienzos del siglo VI.

Pero hay contradicción en este tipo de interpretaciones. En realidad se trata de un problema de fuentes. Los datos de la tradición romana en las fuentes literarias asumen la fundación de Roma hacia mediados del siglo VIII mientras que, por el contrario, los datos arqueológicos no permiten hablar de un nacimiento urbano antes del 625 e incluso del 575 a.C. Como este desfase cronológico se corresponde además con los años que supuestamente Roma habría sido gobernada por reyes legendarios tales como Rómulo, Numa Pompilio, Tulio Hostilio y Anco Marcio, parece obligado a colegir que tales reinados no fueron reales, sino producto de la tradición historiográfica. Por supuesto, Rómulo y Remo con seguridad y el resto probablemente, también son personajes meramente legendarios, cuya invención se debe en gran medida a la notoria influencia que la cultura helénica ejerció sobre el mundo itálico. En esta tradición, que ha llegado prácticamente hasta nuestros días, se incluye el supuesto acto de fundación de la urbs por Rómulo y Remo, de forma similar a como lo habría hecho un oikistés griego, pero siguiendo las fórmulas del rito de origen etrusco (arado, surco, pozo).

Sin embargo, resulta sorprendente que durante décadas los historiadores hayan mantenido -y algunos aún hoy- la existencia de Roma ya en el siglo VIII, lo que a la luz de los datos arqueológicos no puede interpretarse de otro modo que una «Roma pre-urbana», es decir, anterior al momento en que comunidades integrantes decidieran desplazarse de las colinas al valle del futuro Foro para ubicar allí el núcleo de la ciudad. Este hipotético trasvase de población implicaría también un cambio de la economía de estos primeros habitantes, que pasarían del pastoreo a la agricultura. En este contexto encajan bien algunos elementos de la tradición, hoy reinterpretados, como la llamada Liga del Septimontium, que como una especie de anfictionía de carácter religioso habría estado formada por las aldeas de las «siete colinas» que rodean a Roma. Pero la historiografía reciente ha propuesto una nueva interpretación, mucho más razonable. Si Roma se configuró a partir de un núcleo originario integrado por las colinas del Palatino (con Germal y Velia), Esquilino (con Oppio, Ciscpio y Fagutal), y Celio, a las que posteriormente se añadiría el Quirinal, el número de «colinas» -que no «montes»- eran en realidad ocho y no siete, por lo que el radical septi no procedería del numeral septem, sino del término latino saeptus en su forma arcaica como septi, que significa «estaca» y por extensión «conjunto de estacas», esto es empalizada, como una primitiva forma de defensa, anterior incluso al terraplén (agger) o al murus terreus,  como la incipiente muralla de época monárquica atribuida al rey Servio Tulio. De haber existido, tal Liga agruparía a las aldeas «con sistema de empalizadas» y, en consecuencia las reuniones no fueran de carácter religioso sino «prepolítico», con el fin de mejorar sus posibilidades de defensa.

Naturalmente, estos elementos siguen siendo objeto de controversia entre los historiadores, pero en los últimos años se ha llegado a un cierto consenso en las cuestiones fundamentales: el mito de la fundación es de elaboración tardía, probablemente no anterior al siglo IV a.C.; los orígenes de Roma se corresponden con ciclos míticos (troyano, sabino, latino) dirigidos a engrandecer sus historias respectivas; la formación de Roma, por el contrario, debe entenderse en los términos de un proceso histórico que se remonta al siglo IX a.C. entroncando básicamente con las fases de la arqueología lacial; el primer Rey de Roma fue el etrusco Tarquinio Prisco, al que corresponderían la mayor parte de las obras que la tradición ha atribuido generalmente a Rómulo, pero también a otros supuestos reyes legendarios como Numa (al que se le atribuye a veces una importante reforma sacerdotal), Tulo o Anco Marcio (quienes habrían realizado importantes conquistas en el Lacio); en cambio, la cronología aportada por la tradición historiográfica antigua es asumible para los reyes llamados históricos, así como muchas de las reformas (del calendario, sacerdotal, del ejército, del Senado, tribus y curias) que se les atribuyen. No obstante, se ha visto un dácalage [desajuste] cronológico de unos sesenta años entre el 509 a.C., en que la tradición fija el paso a la República, y el 450 que, según otros datos históricos propios de una nueva época en la evolución política romana.

En cualquier caso, la historiografía de las últimas décadas, aún sin abandonar la interpretación del mito de la fundación y posibles orígenes de Roma, ha pasado poco a poco a la historia interesándose  ante todo por la formación de la ciudad, su identidad frente a otras ciudades del lacio, itálicas o griegas, sus restos arqueológicos, la contrastación de éstos con los datos aportados por las fuentes literarias y en definitiva, abogando por una interpretación coherente en la reconstrucción de los hechos a través de testimonios tan dispersos y dispares.

Aún así, en la historiografía actual sobre el tema se pueden observar dos posiciones al menos claramente diferenciadas: la hipocrítica, que acepta básicamente los datos aportados por la tradición, y la hipercrítica, que rechaza el valor histórico de los datos. En los último años, sin embargo, se ha abierto una tercera vía, que acepta los datos literarios siempre que no estén en clara contradicción con los datos aportados por la arqueología.

Gonzalo Bravo. Historia de la Roma antigua. Alianza Editorial, Madrid, 2008. p. 13-15

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Acerca de Rodrigo Pérez

Profesor de Historia UDLA Estudiante de Magister en Historia Mención Historia Universal UAI
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