La Polis, estado de ciudadanos


Polis de Atenas

Lo que ahora llamamos las polis o «ciudad-estado» o «estado de ciudadanos». Cuándo surgió exactamente la polis sigue siendo una cuestión muy discutida debido a la falta de testimonios si exceptuamos los que hasta ahora nos ha proporcionado la arqueología. Algunos estudiosos verían en ella la herencia directa de las grandes fortalezas amuralladas de la época micénica, en torno a las cueles (según esta tesis) se habrían reagrupado los supervivientes formando un nuevo tipo de comunidad. Otros verían en ella una iniciativa posterior, un elemento más de una recuperación más generalizada de los niveles de población, riqueza y organización a lo largo del siglo IX a.C. Otros a su vez, la retrasarían incluso más, proponiendo que las primeras poleis habrían sido fundadas en una nueva fase de colonización en ultramar: al enfrentarse a la necesidad de empezar de nuevo, esos colonos habrían inventado un nuevo tipo de organización social, la «ciudad-estado», que habría comenzado en Sicilia hacia 730 a.C.

La definición de polis es también bastante vaga, variando entre «asentamiento» y «comunidad», usos que están bien atestiguados en Grecia. El sentido distintivo de la polis, en mi opinión, es el de «estado de ciudadanos»: El líder del grupo de investigación más reciente que se ha especializado en ella la define como «una pequeña comunidad de ciudadanos sumamente institucionalizada y con capacidad de autogobierno, cuyos integrantes viven con sus mujeres en un centro urbano y su hinterland, junto con otros dos tipos de población: los extranjeros libres (a menudo «llamados metecos») y los esclavos…» (1) Esta definición nos recuerda acertadamente que una polis no era una «ciudad»  (podía ser incluso pequeñísima) y que no era simplemente un centro urbano: su población estaba repartida por un territorio rural que podía incluir numerosas aldeas (el territorio de los atenienses contaba en ca. 500 a.C. con unas ciento cuarenta aldeas de esas). Hace hincapié asimismo en las personas, los «ciudadanos», más que su territorio. Curiosamente una polis podía perdurar en este sentido aún cuando estuviera fuera de su territorio original: durante unos cuarenta años, en el siglo IV a.C., los hombres de Samos estuvieron desterrados de su isla natal pero siguieron presentándose a sí mismos como «los samios». O digamos más bien que eso era lo que hacían los hombres: las mujeres vivían en poleis y con frecuencia era importante el hecho de que pertenecieran a una familia de ciudadanos, pero ellas no eran plenamente ciudadanas con derechos políticos.

(1) M.H. Hansen en M.H. Hansen (ed.), A Comparative Study of Thirty  City-States Cultures (2000), 141-155

Robin Lane Fox. El Mundo Clásico “La Epopeya de Grecia y Roma”. Ed. Crítica. Barcelona, 2010

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Acerca de Rodrigo Pérez

Profesor de Historia UDLA Estudiante de Magister en Historia Mención Historia Universal UAI
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