Organización del Estado democrático según Aristóteles


Aristóteles vivió en el siglo IV a.C.


Volvamos ahora al estudio de todos estos gobiernos en globo y uno por uno, remontándonos a los principios mismos en que descansan todos.

En todo estado hay tres partes de cuyos intereses debe el legislador ocupar, si es entendido, ocuparse ante todo, arreglándolos debidamente. Una vez bien organizadas estas tres partes , el Estado todo resultará bien organizado; y los Estados no pueden realmente diferenciarse sino en virtud de estos tres elementos. El primero de estos tres elementos es la asamblea general, que delibera sobre los negocios público; el segundo el cuerpo de magistrados, cuya naturaleza, atribuciones y modo de nombramiento es preciso fijar; y tercero el cuerpo judicial.

La asamblea general decide soberanamente en cuanto a la paz y la guerra, y a la celebración y a la ruptura de tratados; hace las leyes, impone la pena de muerte, la de destierro y la confiscación y toma de cuenta de los magistrados. Aquí es preciso seguir necesariamente por uno de estos dos caminos: o dejar las decisiones todas a todo el cuerpo político , o encomendarlas todas a una minoría, por ejemplo una o más magistraturas especiales; o distribuirlas, atribuyendo unas a todos un cuerpo de ciudadanos y otras a algunos solamente.

El encomendarlas a la generalidad es propio del principio democrático, porque la democracia busca sobre este género de igualdad. Pero hay muchas maneras de admitir la universalidad de los ciudadanos al goce de los derechos que se refieren a la asamblea pública. Pueden, en primer lugar deliberar por secciones, como en la república de Telecles de Mileto, y no en masa. Muchas veces todos los magistrados se reúnen para deliberar; pero como son temporales sus cargos, todos los ciudadanos llegan a serlo cuando les llega su turno, hasta que todas las tribus y facciones más pequeñas de la ciudad los han desempeñado sucesivamente . El cuerpo entero de ciudadanos se reúne entonces sólo para sancionar las leyes, arreglar los negocios relativos al gobierno mismo y oír la promulgación de los decretos de los magistrados. En segundo lugar, aún admitiendo la reunión en masa: se la puede convocar sólo cuando se trata de algunos de estos asuntos: de la elección de los magistrados, de la sanción legislativa, de la paz o la guerra y de las cuentas públicas. Se deja entonces los negocios a la magistraturas especiales, cuyos miembros son, por otra parte, elegidos o designados por la suerte de entre la masa de entre los ciudadanos. Se puede, también, reservando a la asamblea general la elección de los magistrados ordinarios, las cuentas públicas, la paz y las alianzas, dejar los demás negocios, para cuya resolución son indispensables luces y experiencia, a magistrados especialmente escogidos para conocer de ellos. Resta por último un cuarto modo por el cual la asamblea tiene todas las atribuciones sin excepción, y los magistrados, no pudiendo decir nada soberanamente, solo tienen la iniciativa de las leyes.  Este es el último grado de la demagogia, tal como existe en nuestros días, correspondiendo como ya hemos dicho a la oligarquía violente y a la monarquía tiránica.

Aristóteles de Estagira (384 a. C.-322 a. C.). Política. Ed. Austral. Madrid, 2002. p. 245-246

Anuncios

Acerca de Rodrigo Pérez

Profesor de Historia UDLA Estudiante de Magister en Historia Mención Historia Universal UAI
Esta entrada fue publicada en Aristóteles, Atenas, Ciudad Antigua, Democracia, Filosofía, Grecia y etiquetada , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s