La génesis de la Polis


Las poleis no surgieron exclusivamente en la Actual Grecia, también lo hicieron en lo que ahora Turquía

Uno de los principales problemas de la época arcaica es sin duda el origen de la forma de organización sociopolítica que se impuso a lo largo del mundo griego: la polis. En una época de transformaciones profundas como ésta unos factores incidían de forma necesaria en el desarrollo de los otros creando así una situación de interdependencia ciertamente compleja que no se puede explicar recurriendo a una sola causa. Anthony Snodgrass ha calificado este momento como una «revolución estructural» que afecto a todos los campos de la experiencia humana. En la agricultura tuvo lugar un rápido progreso que ponen de manifiesto algunas formas de cerámicas en forma de graneros. En consecuencia se produjo un importante crecimiento demográfico que hizo que en algunas regiones como el Ática la población se multiplicara por siete en apenas dos generaciones. La producción artesanal experimentó igualmente un progreso considerable tanto en el terreno de la cerámica como en el de la metalurgia. En los santuarios nacientes se detecta en efecto una gran abundancia de ofrendas en forma de trípodes, calderos –algunos de talla imponente- y armas. Esta proliferación de santuarios locales consagrados a la divinidad protectora del lugar o de la personas del fundador, en el caso de las nuevas fundaciones de ultramar, revela también el proceso de diversificación y estructuración de las nuevas comunidades.

Estos santuarios se encontraban situados en los límites del territorio y su principal función parece haber sido establecer los límites de la nueva comunidad frente a sus vecinos griegos o a los bárbaros de las proximidades en el caso de los establecimientos coloniales. Dos buenos ejemplos de esta clase son el célebre Heraion de Argos o el templo de Dídima, cerca de Mileto. Ambos estaban consagrados a Hera y Apolo, que debían velar por la consolidación de los dominios civilizados frente al ámbito salvaje de los confines y asegurar por tanto asegurar el paso de un espacio a otro. Esta misión quedaba en manos del grupo de guerreros de la nueva comunidad, compuesto sobre todo por los jóvenes, sobre los que estas divinidades ejercían su labor de protección. Parece, por tanto, que fue determinante este proceso el papel que desempeñan los santuarios periféricos a la hora de delimitar el territorio y definir el ámbito legítimo sobre el que la comunidad naciente ejercía su soberanía.

Este proceso de estructuración del espacio a nivel ideológico se pone igualmente de manifiesto en el desarrollo del culto heroico. Tuvo sus orígenes en el entorno de las grandes tumbas micénicas que fueron redescubiertas en aquellos momentos y constituyeron el centro del culto necesario para enraizar a una comunidad sobre un territorio determinado y crear entre sus miembros los sentimientos de posesión y pertenencia que eran necesarios desde un punto de vista afectivo y psicológico. En torno a este centro se crearon rituales y mitos que fueron utilizados como instrumento de legitimación por parte de la élite dirigente de la comunidad, que tendía a identificar su propia genealogía con la de los antiguos héroes que creían estaban allí enterrados. Estos vínculos privilegiados con el pasado legendario, asociados a una situación de poder y predominio económico, sentaron las bases de las aristocracias locales que ejercieron el dominio en estas primeras comunidades.

Existen diversas opiniones a la hora de explicar este fenómeno. Algunos como Coldstream, explican este comportamiento como un fenómeno asociados a la difusión de la poesía épica. El sentimiento de inferioridad que los griegos del siglo VIII habían experimentado con  relación a sus antecesores  de la edad heroica sería el responsable directo de esta actitud. Snodglass opina, por su parte, que mediante el culto heroico buscaría propiciar a los antiguos propietarios de las tierras sobre las que ahora se asentaban muchos recién llegados, que estaban además impresionados por el carácter monumental de las viejas tumbas micénicas que todavía permanecían a la vista. En el Ática, en cambio, parece que el culto heroico fue un recurso del que echaron mano las viejas comunidades ante la llegada masiva de emigrantes con la finalidad de establecer diferencias con estas comunidades más recientes que se habían formado con ellos y resaltar así su prestigio y su mayor antigüedad y vinculación con el territorio local.

El culto a las divinidades protectoras y a los héroes fundadores se convirtió de esta forma en el vínculo principal capaz de aglutinar a los miembros de la comunidad como una unidad social mediante a la participación de sus ritos. La comunidad comenzaba así a tomar consciencia de si misma como tal a través de esta reapropiación del pasado simbolizada en el culto heroico. Sólo un vínculo de esta naturaleza religiosa podía garantizar y legitimar el sentimiento de cohesión de la nueva comunidad frente a la impresión de un simple agregado circunstancia de gentes sin otra clase de lazos que el asentamiento en una localidad determinada. El individuo quedaba además integrado de esta manera en una comunidad dentro de un universo hostil que era preciso ordenar.

Se ha sugerido la posibilidad que al comienzo de este proceso existiera un estímulo procedente de las regiones orientales del Mediterráneo, en concreto de Fenicia, dadas las relaciones intensas que mantuvieron griegos y fenicios en aquellos primeros momentos de la época arcaica. De hecho, las ciudades fenicias eran una serie de comunidades políticas independientes unas de otras, cada una con su divinidad correspondiente, sus instituciones propias de gobierno y su territorio dependiente. Sin embargo, sin descartar la posible incidencia de dicho estímulo, ya había iniciado ya en Grecia mucho antes, favorecido sobre todo por el desarrollo de las circunstancias políticas que caracterizaron el final de la época oscura y por una geografía que facilitaba el aislamiento natural. La estrecha vinculación entre la condición de ciudadano y propiedad de la tierra indica también la importancia que en este proceso tuvo el paso a una economía fundamentalmente agrícola. La lucha por la posesión de la tierra, tanto en el propio interior de la polis como entre los diferentes estados vecinos, será efectivamente una de las constantes que marcarán el desarrollo de la historia de la polis griega.

Francisco Javier Gomez Espelosin, Introducción a la Grecia Antigua. Alianza Editoria. Madrid, 1998.

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Acerca de Rodrigo Pérez

Profesor de Historia UDLA Estudiante de Magister en Historia Mención Historia Universal UAI
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